Lisboa en 3 días.

Lisboa

La capital de la república vecina, en el estuario del rio Tajo y de cara al mar es uno de los lugares de Europa que no podemos dejar de visitar, más si somos de la vecina España. Nuestros vecinos comparten con nosotros ríos y su única frontera, muchas son las similitudes con nuestra forma de ser y nuestras costumbres, pero sin embargo tienen la fama de ser más serios.

No me puedo quejar del trato recibido en este país, independientemente de que parece que tienen un recelo con nosotros, pues piensan que los españoles los consideramos como una colonia como algo que nos pertenece.

Varias han sido las visitas que he realizado a esta ciudad y siempre he encontrado algo nuevo, será porque he pasado de ir a un camping en Monsanto a alojarme en un buen hotel del centro de la ciudad.

Empedrado portugués.

Conviene patear las calles y empaparse de lo que se ve, de sus aceras empedradas, de las fachadas de azulejos, de su intento de aparentar ser una potencia colonial con sus múltiples monumentos a los descubridores.

Plaza de Comercio.

Día 1.- He situado el centro de nuestros itinerarios en la Plaza de Comercio, al lado del rio, con su monumento al rey José I en el centro. Primero podemos dirigirnos hacia el oeste y visitar el edificio donde se encuentra el ayuntamiento. Volveremos a la plaza y nos dirigiremos hacia el norte pasando debajo del Arco de la Rua Augusta, caminando por la calle del mismo nombre que es peatonal y pisando el empedrado típico portugués, estaremos rodeados de comercios, cafés y restaurantes, y lo conveniente es pasar un tiempo visitando las distintas calles, como la de Comercio, la Rua Aúrea y la Rua da Prata, finalizando en la Plaza de Don Pedro IV o en la anexa Plaza da Figueira. Siguiendo hacía el norte llegaremos a la Plaza de los Restauradores, con un monumento que conmemora la liberación del país del dominio español en 1640. Girando hacía el oeste subiremos hacía el Barrio Alto encontrándonos con la Plaza Luis de Camoes, gran poeta portugués, con su estatua en el centro rodeada de adoquinado que representa naves y sirenas que evocan la gran obra del poeta. En esta zona normalmente muy concurrida podemos encontrarnos con grupos de músicos que ofrecen su repertorio a los viandantes, y no es extraño que nos topemos con alguna tuna. Os recomiendo que callejeéis un poco y no os perdáis los edificios con las fachadas cubiertas de azulejos, mosaicos, por ejemplo en la Rua de la Misericordia que seguiremos hacia el norte para llegar al mirador de San Pedro de Alcantara, desde el que tendremos una buena vista de la ciudad con el Castillo de San Jorge, del famoso barrio de Alfama y de la Avenida da Libertade. Podemos bajar hasta esta avenida utilizando el famoso ‘Elevador da Gloria’, que nos permite salvar el gran desnivel. Seguiremos esta céntrica avenida con su parque central, sus quioscos, y a ambos lados edificios de bancos, empresas, hoteles y grandes tiendas de moda. Llegaremos hasta una plaza-rotonda del Marqués de Pombal, Primer ministro del rey José I, representante del despotismo ilustrado en Portugal, siglo XVIII. Esta rotonda nos da acceso al Parque de Eduardo VII, donde podremos descansar y visitar sus jardines: Mirador Parque Eduardo VII, Estufa Fria, Jardin Amália Rodrigues, Pabellón de Carlos Lopes,…

Tranvía en Lisboa.

Ha sido un día en el que habremos tenido la oportunidad de ver parte de Lisboa, la comida y la cena nunca hay que olvidarla y la cocina portuguesa es bastante buena y no desmerece de otras, hay variedad de productos especialmente pescados donde hemos de destacar el bacalao, pero también son famosas las sardinas, los jureles, gambas tigre,… Hechos a la brasa, lo que le da un sabor especial. Destaquemos algunos otros platos típicos: la Caldeirada de Peixes, sopa verde, Bacalao Dorado, Cocido a la Portuguesa, Carne de Cerdo al Alentejo,….

Día1. (Cortesía de Google Maps).
Torre de Belen.
Monumento a los Descubridores.

Día 2.- Partimos también de la Plaza de Comercio utilizando algún transporte público que nos lleve hasta la Torre de Belen, fortaleza situada al final del estuario que servía para la defensa ante posibles incursiones por mar y lugar desde el que partían las expediciones de los descubridores. Podemos entrar y ver este monumento, pero no olvidar que las colas son importantes. Seguiremos el rio hacia el este y llegaremos al Monumento a los Descubridores, en honor a estos marinos y especialmente a Enrique el Navegante. Desde aquí y siguiendo hacia el norte veremos el Monasterio de los Jerónimos, de estilo manuelino fue construido sobre el año 1500, destacan sus vidrieras que conviene observar desde el interior. Seguiremos hacía el este, volviendo a la ribera del rio encontrando algunos parques antes de llegar al Museo Nacional de los Carruajes, recomiendo hacer una visita porque es sorprendente el gran número y variedad de los carruajes. Continuaremos por la ribera del rio, encontrando puertos deportivos, hasta llegar al Museo Nacional de Arte Antiguo, alberga cientos de pinturas y colecciones de dibujo y grabado, escultura y artes decorativas, nacionales y extranjeras, sobresaliendo los cuadros de El Bosco y Durero. Es hora de buscar una parada de tranvía y hacer una ruta por la ciudad, por ejemplo el famoso 28 que nos lleva por diversas partes de la ciudad entre ellas los barrios de Alfama y Barrio Alto. Atravesaremos calles estrechas y subiremos importantes pendientes hasta llegar al Castillo de San Jorge desde el que se domina la ciudad y el estuario.

Día 2. (Cortesía de Google Maps).
Vidriera del Monasterio de los Jerónimos.

Día 3.- Por la mañana nos desplazaremos desde la Plaza de Comercio hasta la del Rosio y desde ahí bordeando el barrio de Alfama nos dirigiremos hacía la Casa dos Bicos / José Saramago Foundation, donde podemos apreciar como los portugueses utilizan los azulejos para cubrir las fachadas, seguiremos el rio pasando por el Museo del Fado y ya llegando a mediodía recomiendo volver un poco más allá de la Plaza de Comercio para coger un barco que nos lleve al otro lado del rio, Almada, donde encontraremos quioscos/chiringuitos en los que degustar pescado y marisco, lugar donde se encuentra el Santuario de Cristo Rey, una gran estatua de Cristo con los brazos en cruz, dede la que se domina el rio y se tiene una vista expléndida de la ciudad de Lisboa.

Día 3. (Cortesía de Google Maps).
Sintra, Castillo de los Moriscos.

Día 4. Sintra. Para desplazarnos a esta ciudad nosotros utilizamos el ferrocarril, muy cómodo y con lo que evitamos el tráfico. No debemos perdernos esta ciudad sede de la realeza portuguesa, situada en un parque nacional y declarada monumento de la humanidad. Rodeada de bosques y jardines, con palacios y castillos, y con unas calles con un encanto especial, donde encontraremos números establecimientos de comida. Conviene pasear y acercarnos al menos al Palacio Nacional de Sintra, con sus dos características torres, al Palacio da Pena con su colorido y arquitectura y si hay tiempo también visitar la Quinta da Regaleira, curiosa construcción rodeada de jardines con su Pozo Iniciático, la torre, el palacio y el bosque, la visita merece la pena. Y si aún tenéis tiempo y fuerzas pues subir hasta el Castillo de los Moros, a través de un bosque bastante denso.

Día 4. (Cortesía de Google Maps).

Día 5. Si continuáis en Lisboa podéis hacer una excursión en coche a Estoril, Cascais y al Cabo da Roca, e incluso llegar hasta las playas de Nazaret.

Día 5. (Cortesía de Google Maps).

Espero que os haya sido de utilidad. Si se dispone de más días es obligatorio visitar las ciudades de Coímbra, Oporto y Braga.

 

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Dublín en tres días.

Dublín

La capital de Irlanda, la cuna de escritores como James Joyce, famosa por su lucha contra el imperio británico y por la división entre norte y sur, y también por los atentados del IRA. Pero no vamos a politizar, porque esta isla situada al oeste de Gran Bretaña es también famosa por sus duendes, por sus llanuras verdes y sus acantilados. Tras muchos años como colonia logró independizarse, aunque los británicos siguieron en el norte y el conflicto en pos de la unificación aún perdura.

Muchas han sido las vicisitudes de sus habitantes, con migraciones masivas a los Estados Unidos en las épocas de hambre y penuria, pero algo cambió cuando se entró en la Unión Europea, y todo hay que decirlo, aprovechando su dominio del inglés se ha convertido en la sede de grandes multinacionales, que le han permitido un crecimiento espectacular que se muestra en los cambios que ha sufrido su capital. Edificios o rascacielos de cristal a lo largo de la desembocadura del rio Liffey.

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Temple Bar.
O’Connell Street. (Foto de Frank Huang en Unsplash).

 

Sin embargo, pese a todo conserva sus tradiciones, la música de sus pubs y la cerveza que en ella se sirve, aunque respecto a la comida sigue con los mismos problemas que su vecino británico, mejor buscar una franquicia italiana, turca, china o japonesa que meterse a comer en sus pubs.

Salvo por los rascacielos de cristal de las multinacionales el resto de la ciudad presenta casas de una o dos plantas y además su superficie llana la hace fácil de recorrer. Creo que dos días son suficientes para visitarla, aunque todo depende de lo que nos entretengamos en ciertos lugares como la biblioteca del Trinity College y el famoso libro de Kells, joya del cristianismo celta.

Puente del Medio Penique.
Casa Guinness.(Foto de Tavis Beck en Unsplash)

 

Nosotros reservamos en un hotel cerca de los muelles, Spencer Hotel, y desde ahí siguiendo el rio nos dirigimos hacia el centro de la ciudad, el puente O’Connell, que es el inicio de la avenida principal O’Connell Street Lower, y con su estatua al líder nacionalista del mismo nombre, subiendo la avenida encontramos distintos edificios como el de la Oficina Central de Correos, y destacando sobre todo esta The Spire una gran aguja de 120 metros de altura. Esta calle merece la pena recorrerla y seguramente lo haréis en varias ocasiones. Desde aquí nos dirigiremos hacía el Trinity College, donde nos detendremos viendo el campus, sus jardines y sus edificios y sobretodo visitando la Biblioteca y en concreto el Libro de Kells. Supongo que habremos gastado casi toda la mañana, aunque hay tiempo para ir a ver la estatua de Molly Malone, famosa pescadera de doble vida. Desde aquí volveremos al rio, cruzaremos por el Puente del Medio Penique y nos dirigiremos hacía el famoso barrio de Temple Bar, donde disfrutaremos de la música, en la calle o en el interior de los pubs, y podremos tomar unas pintas de cerveza. Tras comer, y un café o una copa, podremos seguir con la visita yendo a descansar al parque de San Stephen, disfrutando del verdor, los jardines y las lagunas. Posteriormente para terminar la tarde podremos dirigirnos hacía la Catedral de San Patricio y por último al Castillo de Dublín. Supongo que ya se habrá hecho de noche y podemos volver a O’Connell, ver escaparates y buscar donde cenar. De noche es casi obligado volver a la zona del Temple Bar y disfrutar de su ambiente nocturno.

 

Día 1. (Cortesía de Google Maps).

En la segunda jornada la propuesta es coger un tranvía que nos lleve hasta el gran parque de Dublin, el Phoenix Park, donde se encuentra el zoo, con su manada de gamos, distintas plazas y estatuas, y ver de lejos la residencia del presidente de Irlanda, Áras an Uachtaráin en gaélico. Supongo que será mediodía, así que toca volver y reponer fuerzas para que por la tarde nos acerquemos a Guinness Storehouse, la casa de la famosa cerveza negra, allí podremos ver como se elabora, aprender a tirar cerveza del grifo y subir al mirador desde donde veremos toda la ciudad mientras nos tomamos la pinta que hemos tirado. Podemos dirigirnos ahora al barrio de Portobello y ya por la noche tocará volver al centro, O’Connell o Temple Bar en función de las fuerzas y de las ganas de marcha que tengamos.

En los siguientes días podemos compaginar una visita a los pueblos vecinos de Dublin, como el castillo de Malahide y el puerto de Howth pueblo de pescadores y focas, para ello nada mejor que coger un tren y evitar así lo tedioso que resulta acostumbrarte a conducir por la izquierda.

Si disponemos de tiempo, algo que nosotros no tuvimos, es casi obligatorio visitar las ciudades de Cork en el sur, Galway en el oeste y Belfast en el norte.

Día 2. (Cortesía de Google Maps).

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Praga, seguro que volveré.

La capital de la Republica Checa es una de las ciudades europeas con más encanto y más animadas. Su ciudad vieja, muy bien cuidada, es la zona más visitada y concurrida, en ella encontraremos el Reloj Astronómico, el barrio judío con la sinagoga española, y otros muchos lugares que visitar. Praga está construida alrededor del rio Moldaba, y si en su margen derecho se encuentra la ciudad vieja en el izquierdo destaca el Castillo de Praga, desde el que se domina toda la ciudad.

En lo que se refiere a gastronomía hemos de decir que se trata de una típica población centro europea y por tanto dominan las salchichas, el codillo de cerdo, las patatas fritas,…. Y todo acompañado de unas buenas cervezas rubias de las que te aseguro de que no te cansaras.

En esta ocasión reservamos un apartamento cercano al centro de la ciudad, en la margen derecha del rio en unos edificios de comienzos del siglo XX, bien conservados y adaptados. Se trata de un barrio tranquilo, de hecho no hay demasiados establecimientos de restauración, con lo que cuesta encontrar algún sitio donde desayunar y comer, quizá la primera comida del día sea la más difícil de realizar por las grandes diferencias que existen con nuestras costumbres, pedir un café con leche o un solo es ya una proeza, y de tostadas olvidarse.

El primer día nos dirigimos bordeando el rio Moldava hacia el famoso puente de Carlos que nos conecta con la Ciudad Vieja. Caminamos paralelos al rio Moldava, encontrando zonas verdes, bares y cafeterías cercanas al rio, pasando delante del Museo Kampa. Y llegando al puente por calles estrechas, al que accedemos por unas escaleras, nos encontraremos con gran cantidad de gente haciendo turismo, y es como si nos trasladáramos a la edad media, con la gran cantidad de estatuas que encontramos a ambos lados, y con el rio corriendo debajo, es espectacular, podemos hacer cientos de fotos con distintas perspectivas, y al final ya en la entrada de la Ciudad Vieja la torre bajo cuyo arco accedemos a la zona más interesante. Comienzan una maraña de calles estrechas con múltiples establecimientos de todos los tipos: bares, restaurantes, clubs de noche, tiendas de vidrio, museos,…. Es obligatorio perderse pos estas calles y disfrutar de todo lo que nos ofrecen, al final llegaremos a la Plaza de la Ciudad Vieja, donde encontramos el famoso Reloj Astronómico, la Iglesia de Tyn embutida entre edificios, de hecho hemos de atravesar un edificio para llegar a la entrada. La plaza muy concurrida tiene una escultura de un líder religioso, Jana Husa, uno de los precursores de la iglesia protestante y contrario al catolicismo.

Torre Puente de Carlos

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Iglesia de Tyn

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Reloj astronómico.

Ahora toca ir al barrio judío, desde la plaza de la Ciudad Vieja tomamos la Avenida Kaprova en dirección al rio, giraremos a la derecha hacía la calle Sikorá, y encontraremos primero el antiguo cementerio judío, podemos ver las lápidas desde la calle, al lado se encuentra la sinagoga histórica y el monumento del holocausto. En la siguiente calle a la izquierda se encuentra el Ayuntamiento Judío con sus dos torres , hay algunas tiendas de suvenires, donde entre otras cosas nos ofrecen “golem” figuras de barro con forma de monstruo que se ponían delante de las hogueras y las sombras que proyectaban asustaban a los visitantes inesperados. Siguiendo por Sikorá llegaremos a la escultura de Kafka y a la Sinagoga Española, que es obligatorio visitar.

Cómo ya será hora de comer, podemos buscar algún restaurante, nosotros encontramos el restaurante Upivrnce, cuyo dueño se dedica a hacer

 

Restaurante

Viñetas comic restaurante

Dirección y tfno restaurante

 

comics eróticos, los manteles y las paredes están llenos de algunas de sus creaciones. Allí degustamos un codillo con patatas que estaba delicioso, ah y nos podíamos entender en español.

Desde aquí continuamos hacía la plaza de la Ciudad Vieja en dirección hacia el bulevar Vaclauske Nam y la plaza Wenceslas, un lugar lleno de tiendas y hoteles que termina en el Museo Nacional de Praga. En el camino nos topamos con el museo de Máquinas Sexuales, hay que decir que el sexo no está mal visto en esta ciudad, de hecho hay anuncios por toda la ciudad. Volvimos al inicio del bulevar para girar a la izquierda y coger la avenida Narodní que nos lleva al puente de las Legiones en el rio Moldava. Desde donde tenemos una visión espectacular del Castillo de Praga, especialmente de noche con todo iluminado. Bajamos por el rio hasta la Casa Danzante, una curiosidad arquitectónica de Praga.

Edificio danzante

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Calle peatonal de Praga

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Castillo de Praga.

 

 

El segundo día lo reservamos para subir al Castillo de Praga, nos esperaba un paseo con una gran pendiente recorriendo calles típicas de la ciudad, con suelo de pavés, vías de tranvías, plazas y casas típicas. El día era caluroso y sudamos lo suyo para llegar, nos encontramos con un complejo bastante amplio con una mezcla de edificaciones bastante curiosa, con la catedral dentro de la fortaleza y con un gran dispositivo de seguridad. El acceso es libre para todo el recinto, excepto para el interior de la catedral. Las vistas de la ciudad eran impresionantes.

Vista desde el Castillo

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Catedral de Praga

Vista desde el Castillo

Dedicamos la mañana a visitar el castillo y ya a mediodía nos dirigimos hacía el rio, por otro camino hasta llegar el rio, y pasar por el Puente de Mánes hasta la otra orilla. Seguimos el rio hacía el sur, disfrutando de la ribera con sus chiringuitos típicos, barcos restaurante, muelles con barcazas,… llegando al Teatro Nacional, donde según cuentan durante la segunda guerra mundial recibió a la élite nazi encabezada por Hitler. Los checos presumen de no haber sido dominados por nadie, su táctica era dejarse ocupar y hacer la vida imposible al ocupante, la resistencia checa durante la ocupación nazi atentó contra un alto dignatario nazi, Heydrich, lo que conllevó grandes represalias sobre la población. Desde aquí nos dirigimos de nuevo hacía la Ciudad Vieja callejeando, hasta llegar al Teatro Estatal.

Son muchos los bares y restaurantes donde refrescarse y tomar un plato, normalmente abundante, para comer o cenar. Eso sí el cerdo es el rey.

El tercer día hicimos una excursión a Kutna Hora, famosa por tener una Capilla de los Huesos de Sedlec, anexa a un cementerio donde dicen que hay varias capas de enterramientos, todo sucedió cuando un ‘listo’ se trajo un puñado de tierra santa desde Jerusalén y la depositó en este campo santo, en aquella época la gente pagaba por enterrarse en tierra santa y los que gestionaban este cementerio se hicieron de oro. Dado que no había espacio para más sepulturas decidieron sacar los restos y almacenar los huesos en el sótano de la capilla, allí se fueron amontonando en pirámides hasta que un ‘artista’ se dedicó a hacer distintas esculturas con ellas, desde una lámpara al escudo del señor de las tierras.

En Kutna Hora una pequeña ciudad de apenas veinte mil habitantes además del osario encontramos una catedral de grandes dimensiones que construyeron los mineros de la zona en un intento de luchar con la misma Praga, arquitectónicamente parece perfecta pero los cuadros e imágenes de su interior son bastante cómicos. En este lugar también podemos apreciar numerosas construcciones, monumentos, edificios históricos que la han llevado a ser declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO. No es mala idea visitarla, sobre todo porque está cerca de Praga, aunque lo que más me gustó fue el restaurante donde comimos.

Bueno, y esto es todo en nuestra visita a esta preciosa ciudad, de la que me lleve tan grato recuerdo que afirme que volvería pero para una estancia bastante más larga.

Día 1. (Cortesía de Google Maps)
Día 2. (Cortesía de Google Maps)

 

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Roma, Ciudad Eterna.

Roma ciudad eterna, a la que llegan todos los caminos. Y llegar a esta ciudad cuando descarga una tormenta de nieve es algo extraordinario, aunque desde el punto de vista turístico nos condiciona enormemente, más cuando no estaba en nuestras previsiones.

Múltiples son los monumentos, edificios, ruinas, esculturas,… no solo de la época del Imperio Romano sino de toda la larga historia de esta gran ciudad.

La Fontana.

Monumento a Vittorio Emanuele II

El primer día nos sorprendió amanecer con veinte centímetros de nieve, nos dirigimos al Coliseo pasando por las ruinas del Foro Romano, todo blanco y con dificultades para andar, había pillado por sorpresa y el ayuntamiento de Roma no había comenzado a retirar la nieve y el hielo para facilitar el tránsito tanto de peatones como de vehículos. El problema es que el Coliseo había cerrado las visitas por riesgos de desprendimientos a causa del fenómeno metereológico.

Foro Romano.

Coliseo

Coliseo

Rodeamos el espectacular edificio y nos dirigimos al Arco de Constantino, y desde ahí en dirección noroeste hasta la Plaza Navona, donde contemplar sus fuentes y tomar un expreso en uno de los múltiples establecimientos que hay en ella. De aquí nos dirigimos al Panteon donde pudimos entrar y contemplar la grandeza de este edificio, después callejeando hacia la famosa Fontana de Trevi donde a pesar de la lluvia nos hicimos distintas fotos y lanzamos una moneda para pedir un deseo.

Panteón.

Interior Panteón.

Rio Tiber.

 

También nos acercamos a un establecimiento que dispensaba cafés expreso y vendía distintos tipos de café. Tomar un helado era también de obligado cumplimiento a pesar del frio que hacía. Era hora de perderse por las estrechas calles peatonales y tomar una piza o cualquier comida típica italiana. Podemos bajar en dirección a la Plaza Venecia por la Vía de la Pilotta, calle peatonal con numerosos arcos y donde encontramos algún establecimiento para comer.

Arco de Contastino.

Obelisco Agonale. Piazza Navona.

Plaza de España.

El segundo día comenzamos temprano pues queríamos ir al Trastévere y subir por sus calles, partimos también de la Plaza Venecia, cercana a nuestro hotel, y por la vía Corso Vittorio Enmanuel II, nos dirigimos al Campo de Fiori, donde nos entretuvimos viendo la gran cantidad de puestos que vendían flores. De ahí fuimos hasta el Puente Sisto para cruzar el Tíber y comenzar a subir por las estrechas calles del Trastévere hasta el mirardor de Janículo, desde donde contemplamos la ciudad. Para bajar utilizamos la vía rápida, una escalera que desciende en empinado pendiente hacía el centro de este barrio, para llegar a la Basílica de Nuestra Sra del Trastévere, visitarla y disfrutar de sus pinturas y frescos, y a continuación buscar un sitio donde comer que hay muchos que no solo sirven pizza y pastas, también buenas carnes. Después y tras un buen expreso, nos dirigimos hacía la Iglesia de San Francisco Ripa y de ahí hacía el Tíber, cruzando por la Isla Tiberina, y adentrándonos de nuevo por las calles de la ciudad, perdiéndonos en sus calles y pequeñas plazas.

El tercer día quisimos visitar la Plaza de España, con su particular escalinata, donde claro está nos hicimos la correspondiente foto. De ahí callejeando fuimos a la Villa Médici, y a continuación nos dirigimos a la Piaza del Popolo, con su gran obelisco. Seguimos hacía el sur, pegados al rio y desembocamos, tras cruzarlo, en el Castillo de San Ángelo, construido por el emperador Adriano, y muy cercano a la Ciudad del Vaticano, que en este viaje no tocaba visitar. Desde aquí y cruzando de nuevo el Tiber nos dirigimos hacía la plaza Venecia callejeando y disfrutando de la ciudad.

Indicar que las tardes noches las dedicamos a visitar las numerosas tiendas de ropa, Vía del Corso, que hay en la ciudad. En esta calle también podemos visitar algunas iglesias y monumentos y disfrutar de otro tipo de ciudad. ¡Ahh! y ojo con los precios, pues si no lees bien las cartas te pueden clavar, o cobrarte cuatro euros por una simple infusión en un bar.

 

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Palacio de San Calixto.

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Iglesia en el Trastévere.

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Teatro Marcelo.

 

Itinerario-1. (Cortesía de Google).
Itinerario-2. (Cortesía de Google).
Itinerario-3. (Cortesía de Google).

 

 

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Soria en 1 día.

Pequeña ciudad castellana a orillas del rio Duero, situada a más de mil metros de altitud, con una población de unos treinta mil habitantes caracterizada por sus calles medievales y sus múltiples monumentos casi todos de estilo románico.

Nos dirigimos hacía ella procedentes de Cuenca primero a través de la N-320 y después por autovía A-15, algo que se agradece  y que acerca esta población al resto del estado. Al no ser muy grande tan solo dedicamos un día a visitarla, aunque merece de algún tiempo más para poder disfrutarla de verdad.

Ayuntamiento de Soria.

Plaza Mayor.

Teatro Palacio.

Nuestro itinerario partió de la Alameda de Cervantes, un gran parque con mucha sombra que es un auténtico pulmón.  En él además podemos disfrutar de su rosaleda, del quiosco de la música y de la Ermita de Nuestra Sra de la Soledad. Llegando en su extremo este al comienzo del casco antiguo, he de decir que desde este punto nos adentramos en Soria, seguimos la Calle Marqués de Vadillo en dirección a la Plaza Mayor, en el camino observaremos las edificaciones típica de la zona con sus balcones acristalados para aprovechar bien la luz y protegerse del frio y la lluvia. En el recorrido podemos desviarnos a derecha e izquierda y adentrarnos un poco por sus calles. Por ejemplo, girar hacía el sur por la Calle Diputación y llegar a la Iglesia de San Juan de Rabanera, románico tardio. De allí volveremos por la Calle San Juan hasta llegar a la Plaza Mayor, donde encontramos la Fuente de los Leones en el centro, y las edificaciones del Ayuntamiento y del Teatro Palacio. En la plaza hay algunas terrazas donde tomar un café o algún refresco.

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Palacio de los Condes de Gómara.

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Iglesia de San Juan de Rabanera. Románico tardío.

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Arco Condes de Gómara.

Desde aquí podemos dirigirnos hacía el rio Duero a través de la Calle Mayor y de la Calle Real, pasando por las ruinas de la Iglesia de San Nicolás,  llegando a la Concatedral de San Pedro de Soria, en la plaza del mismo nombre. Al final de la avenida está el rio Duero y el Puente de Piedra Medieval. Ahora toca volver, mejor hacía la Plaza Mayor y buscar un sitio donde comer  y reponer fuerzas. Si ya estamos cerca del mediodía podemos tapear y comer, por ejemplo en el Mesón Castellano donde degustar los torreznos, el lechazo, cabrito, migas,…. sentados al aire libre con unas muy buenas vistas.

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Concatedral de San Pedro.

Antonio Machado.

Puente de Piedra Medieval. Rio Duero.

Después de la comida y si es verano una siesta en el hotel, podremos adentrarnos en la parte norte de la Plaza Mayor y callejear. Así nos sorprenderá el Palacio de los Condes de Gómara, con el Arco al final de la fachada. Desde ahí por la calle Aguirre giramos hacia el norte y a través de la calle Estudios accederemos a la Iglesia de Santo Domingo de Soria. Si volvemos o nos dirigimos al sur nos encontraremos la estatua en honor a Antonio Machado, poeta que residió en esta ciudad desde 1907 a 1913, donde escribió el libro Campos de Castilla.

Desde ahí callejeando volveremos a las inmediaciones de la Alameda de Cervantes, volver a pasear bajo sus árboles y tomar algo en la taberna del quiosco, y llegado el momento buscar un bar para tapear, tomar unas cañas o directamente cenar.

Itinerario. (Cortesía de Google Maps).

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Cuenca, ciudad encantada.(2 días).

 

CUENCA

La ciudad encantada, con sus casas colgantes en la garganta del rio Huécar, y su monumental casco antiguo. Aunque para llegar desde el sur hay que atravesar carreteras nacionales con un recorrido sinuoso entre las montañas de la Ibérica.

Es una ciudad pequeña y coqueta, que se puede ver en dos días, aunque si queremos verla en profundidad deberíamos estar al menos  una semana.

Nosotros proponemos una visita en dos días, llegaremos a medio día y saldremos tras dos noches, nos alojamos en un hotel de la parte nueva cerca del Parque de San Julián. En este primer día nos dirigimos tomar unas tapas o comer cerca de la Diputación Provincial en la calle San Francisco, con el calor apretando como suele hacer en estas tierras durante el verano, donde hay varios restaurantes y bares con terraza. Los menús no son caros y podemos degustar el cordero y otros platos típicos. Tras tomar un café y un helado, hicimos algo de tiempo para dirigirnos hacía el rio Huécar y recorrer su hermoso parque, pasando por delante de la Diputación con su bien cuidado jardín, llegamos a la Calle Puerta de Valencia con su puente sobre el rio. Cogeremos la ribera del rio, a mano derecha, para caminando bajo los árboles llegar hasta el auditorio, viendo ya las casas colgantes en el otro lado. Podemos hacer unas fotos de las casas colgantes y del casco antiguo, nos encontraremos con el puente de San Pablo, puente de hierro que conecta la ciudad con el Parador Nacional de Cuenca. Podemos continuar hasta la curva viendo como serpentea la garganta, pero toca volver porque hay que tomarlo con tranquilidad disfrutando de las vistas y de la naturaleza.

Casco antiguo

Casas colgantes

Plaza Mayor.

Volveremos por el mismo camino, aunque podríamos cambiar al otro lado de la ribera, y nos dirigiremos por la Calle Tintes hasta el Parque del Huécar, de ahí a la Plaza de la Trinidad, cruzando el rio por el puente de San Antón ya sobre el rio Júcar. Debemos hacer algunas paradas para beber algo de líquido y tomar algunas fotos. Desde este punto iremos hacía la Plaza de España y de ahí hacía el punto de partida en el Parque de San Julia, donde podremos sentarnos en algunas de sus terrazas y si es la hora de la cena tomar unas tapas, dando por finalizada la primera jornada.

Puente de San Antón

Formaciones rocosas

Colegio de los Jesuitas

En nuestro segundo día y tras un buen desayuno podemos optar por subir andando hacía el casco antiguo, lo que no aconsejo, o tomar un autobús, línea L2, que nos llevará cerca del Mirador de Cuenca, desde donde podemos observar las curvas del rio, el casco antiguo y las casas colgantes. Desde este punto iremos bajando intentando callejear hacía el rio Huécar, para disfrutar de las vistas y de las calles antiguas llenas de sorpresas, hay mucho que ver. Nos detuvimos en el Museo de Cuenca donde se exponen restos de la ruinas de la ciudad romana de Valeria, además es gratuito. Debajo tenemos un mirador donde descansar, para después dirigirnos hacía la plaza Mayor donde está la catedral, amén de numerosos establecimientos donde comprar recuerdos o terrazas donde tomar alguna bebida, en función de la hora cada uno elige bebida.

Casa del casco antiguo.

Catedral de Cuenca

Museo de Cuenca.

Rodeamos la catedral por la derecha para llegar a una pequeña plaza donde se encuentra la estatua de Alfonso VIII a caballo. Volveremos a la Plaza Mayor, pasaremos el arco que da acceso a la plaza y seguiremos bajando por la Calle Alfonso VIII, sin prisas callejeando a derecha e izquierda, porque todo merece la pena, hasta que veamos la torre de Mangana.

Posada en casco antiguo.

Estatua ecuestre de Alfonso VIII.

Seguiremos bajando, de nuevo callejeando para descubrir algún que otro monumento, como el Convento de las Bernardas, y rincones donde deleitarnos. Ya está cerca el rio Huécar, y merece la pena callejear por las calles que terminan en él.

A este segundo paseo podemos dedicarle todo el día, en el casco antiguo encontraremos establecimientos donde comer, y probar alguno de sus platos como los zarajos, las migas con huevo, el ajo arriero,… y como no el cordero.

Si os apetece tener otras vistas de la ciudad, podéis cenar en la terraza del hotel Alfonso VIII, en el llamado Restaurante la Terraza, en donde además  se pueden tomar algún que otro plato de cocina moderna.

Ruta día 1. (Cortesía de Google Maps).
Trayecto Bus línea L2. (Cortesía de Google Maps)
Ruta día 2. (Cortesía de Google Maps).

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Bilbao en 3 o 4 días.

Bilbao es una ciudad que ha cambiado mucho en los últimos años, de ser una ciudad industrial en torno a la ría ha pasado a integrar la vía fluvial,  con paseos de ribera, y la integración de antiguas y nuevas edificaciones. Amén de las avenidas como La Gran Vía don Diego López de Haro.

Puppy.
La araña de los huevos.
Guggenheim.

Nuestra residencia estaba cerca de la Gran Vía, por lo parecía que todo se encontraba a mano, con un pequeño paso podríamos llegar la museo Guggenheim, o la Plaza del Arenal y a la parte vieja.

Interior de la Alhóndiga de Bilbao.

Día 1. Nada más que llegar, era mediodía, nos dirigimos a la Calle Ledesma,( cinco minutos), famosa por sus numerosos establecimientos de restauración donde tomar unos pinchos. Actualmente está llena de gente, por lo que para encontrar sitio hay que acercarse temprano. Una vez recuperadas las fuerzas y dado que la temperatura acompañaba, unos veintidós grados, un paseo por la Gran Vía viendo escaparates y bajo la sombra de la arboleda hasta la Plaza Moyúa. Y desde ahí a través de la Alameda de Recalde nos acercamos a la Alhóndiga de Bilbao, convertida actualmente en centro cultural y donde seguro hay alguna exposición y algún evento cultural. Son famosas sus columnas interiores sobre las que se erigen las distintas edificaciones interiores.

Ria de Nervión.
Plaza Nueva de Bilbao.
Iglesia de San Nicolas.

Desde la plaza de Arriquibar siguiendo la Alameda de Urquijo nos dirigimos al Arenal, pasando por el Teatro Campos y la Plaza Circular, cruzando el puente del Arenal y llegando al parque del mismo nombre, donde podemos observar la Iglesia de San Nicolás, el Teatro Arriaga y la entrada a la Ciudad Vieja. Nos podemos adentrar por sus calles estrechas y llegar a la Plaza Nueva con sus típicos soportales y terrazas donde sentarse, la Catedral de Bilbao de estilo neogótico, el Mueso Vasco,…. En esta zona encontraremos muchos  bares de tapas, con algo de aglomeración.

Ruta día 1. Cortesía de Google Maps).

Día 2. Comenzamos en el Corte Inglés en la Gran Vía, vamos hacía la calle Colón de Larreategui, pasamos por Los Jardines de Albia, y dando un paseo llegaremos al Parque de Doña Casilda de Iturrizar, donde merece la pena estar un tiempo para disfrutar de la arboleda y de los jardines. De ahí  iremos hacía la ría, y siguiendo el Muelle Evaristo Churruca llegaremos al Museo Guggenheim. Podemos visitar el museo y sus alrededores, y después buscaremos un sitio donde comer, hacía los cruces de la Calle Juan Ajuriaguerra Kalea y la de los Heros. Aquí encontraremos restaurantes y bares de tapas con los típicos pinchos.

Ruta día 2. (Cortesía de Google Maps).

Tras la comida y un buen café, volveremos a la ría a través de la plaza de la Convivencia, bajaremos las escaleras para cruzar por el Puente Zubizuri hasta el Paseo del Arenal y el Ayuntamiento de Bilbao. De ahí cruzaremos de nuevo la ría por el puente del Ayuntamiento, e iremos hacía la calle Ledesma para finalizar el día con un refresco, una cervezas y unos pinchos.

Ayuntamiento de Bilbao.
Catedral de Bilbao.
Plaza Nueva, casco viejo de Bilbao.

 

 

Puente Zubizuri.

Ya que estamos en Bilbao no podemos dejar de darnos un homenaje, en nuestro caso visitando un tradicional asador, El Guetaria en la Colón de Larreategui

Chuletón.
Chipirones.
Bacalao con pimientos.

Día 3. Recorrido por la provincia de Vizcaya. Al menos hemos de dedicar un día a visitar alguno de los pueblos de la costa vasca, primero podemos visitar San Juan de Gaztelugatxe, escenario de la serie Juego de Tronos,  y después en nuestro caso fuimos a Bermeo,  a Mundaca y a Getaria (Guipúzcoa). La primera es una ciudad de algo más de 16000 habitantes con un buen puerto pesquero, fuimos directamente al muelle y recorrimos la parte anexa de la ciudad, no os sorprendáis si escucháis hablar  en euskera.

Monumento a los Pescadores.
Puerto Deportivo de Bermeo.
Convento de San Francisco.

Mundaca es bastante pequeño, en el margen izquierda de la  ría del mismo nombre. Es famosa por sus olas que atraen a los surfistas. Aparcamos al lado de un prado en el que se encontraba la ermita de Santa Catalina, y fuimos paseando hasta el pequeño puerto donde además de barcos de recreo y de pesca encontramos un cañón en el muelle.

Paseo en Mundaka.
Puerto de Mundaka.
Cañón puerto de Mundaka

0Y si quedan ganas podéis acercaros a la villa de Guetaria famosa por el vino Chacolí y por su pescado a la brasa, puerto ballenero e industrial, con dos personalidades Juan Sebastián el Cano y el modisto Cristóbal Balenciaga. Si decidís comer allí mejor reservar para evitar las aglomeraciones y así no os lleváis una sorpresa, mirar en TripAdvisor.

Ruta día 3. (Cortesía de Google Maps).

 

Puerto de Getaria.
Puerto de Getaria.
Iglesia de Getaria.
Calle en Guetaria (Elcano)
 

Tras volver de la excursión, yo permanecería un día más en Bilbao para disfrutar de algunas otras cosas como el puente colgante y el  funicular de Archanda que permite subir a la cima del monte y tener una vista panorámica de la ciudad.

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Cantabría-Santander. 6 días.

El norte siempre atrae, especialmente a los ciudadanos que vivimos en el sur de la península donde la lluvia es escasa y es difícil ver un paisaje verde, bueno en invierno y primavera podemos disfrutarlo brevemente. A parte, disfrutar de un clima suave al menos durante unos días es algo que nos atrae. He visitado Cantabria en varias ocasiones, siempre en verano, primero con mis hijos en una residencia de tiempo libre cerca de la playa del Sardinero, después en un hotel de Suances y por último en una casa rural cercana a Santoña. Si enumero mis visitas es porque en cada momento he descubierto cosas nuevas, aunque he repetido visitas, por ejemplo a Santillana o a Cabárceno.

Playa del Sardinero

Días 1 y 2: La primera propuesta es pasear por el paseo marítimo de la playa del Sardinero, bien por la mañana a primera hora o al atardecer, disfrutar de las vistas a la playa y a esa parte de la ciudad. Si lo hacemos por la mañana podemos acercarnos a la península de la Magdalena, ver la sede de la universidad de verano, pasear bajo los pinos, echar un vistazo a las focas y a las tres naves varadas junto a las que hacerse una foto.

Cortesía de Google.

Podemos seguir la línea de la playa, la de los bikinis y la de los peligros, y llegar al Museo Marítimo del Cantábrico, que merece la pena visitar. Continuaremos siguiendo el mar pasando por el Palacio de Festivales de Cantabria y por el puerto deportivo, hasta llegar al paseo de Pereda, supongo que deberíamos tomar algún refresco o una cerveza y pensar en entrar en las calles anexas para buscar un sitio donde comer, carne de ternera, vaca vieja, rabas, anchoas, marisco y pescado, por ejemplo alrededor de la Plaza Porticada, en la calle Daoiz y Velarde.

Por la tarde continuaremos nuestro paseo caminando hacía el ayuntamiento, la catedral y si hay ganas y fuerzas subir por la Alameda de Oviedo y la Calle San Fernando hasta la plaza Cuatro Caminos. En alguno de los quioscos podemos refrescarnos y descansar bajo las arboledas. Podemos volver en un medio de transporte para ir a descansar a nuestra residencia. Nosotros utilizamos dos días, ya que disfrutamos de un baño en la playa.

Playa desde la Magdalena (ISF).

Palacio de la Magdalena (ISF).

Naos en la Magdalena.

Trainera

Por la noche podemos ir a la zona del parque de Pereda y callejear alrededor del ayuntamiento y la Plaza Porticada.

Día 3. Ruta en coche hasta San Vicente de la Barquera, pasando por Santillana del Mar donde es obligatorio pasar unas horas o toda la mañana. Seguir hasta Comillas y ver sus edificios indianos, y especialmente la obra el Capricho de Gaudí. Seguiremos hasta San Vicente de la Barquera donde disfrutar de la ría y comer marisco en alguno de sus múltiples restaurantes. (Habría que planificar el día para comer en San Vicente de la Barquera y después volver hasta Comillas).

Colegiata de Santillana del Mar.

Iglesia de San Miguel, (Puente Viesgo).

Ria de San Vicente de la Barquera.

Ria de San Vicente de la Barquera.

Cortesía de Google.

Día 4. De nuevo en ruta para visitar la Cueva del Castillo en Puente Viesgo, donde la selección de futbol se concentraba, y por la tarde acercarse a ver el parque de Cabárceno, imprescindible si tenemos hijos, porque es espectacular ver los animales en semi-cautividad: osos, elefantes, jirafas, monos, felinos, hienas,…. Ojo con los monos, con los que puedes interactuar, a mi hijo uno de ellos le tomó manía y quería agredirle, tenía unos diez años.

Mono en Cabárceno.

Elefante en Cabárceno.

Cortesía de Google.

Día 5. Ruta hacía Castro Urdiales. Mi propuesta es visitar por la mañana Liérganes, con sus balnearios de aguas termales, visitados por los reyes, pasear por la villa y seguir hasta Castro Urdiales donde comer pescado. Por la tarde seguir poco a poco por la costa parándonos para contemplar la costa, llegando a las playas de Laredo, y llegando a Santoña donde pasearíamos por sus calles, su muelle y su puerto pesquero, tomar unas cañas y degustar las anchoas. A continuación bañarnos en las playas de Isla y desde ahí dirigirnos a la playa de Somo y llegar de noche a Santander.

Día 6. Visita a los Picos de Europa: Potes y Fuente De. Deberemos dedicar todo el día, salir temprano para llegar a tiempo de coger el teleférico de Fuente De, volver y comer en Potes, un cocido montañés. ¡Ojo!, es obligatorio pasear por sus calles, subir a la torre del Infantado y visitar el Monasterio de Santo Toribio de Liébana. De vuelta a Santander hacerlo despacio a través del desfiladero de la Hermida, si podéis hacer alguna parada, que una vez que se llegue a la costa podremos coger la autovía y plantarnos en Santander en un momento.

Cortesía de Google.

Espero que disfrutéis, quizá sea demasiado intensivo y merece la pena pasar más tiempo, una quincena.

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Berlín en 3 días.

Berlín, actualmente capital de Alemania tras la caída del muro y la reunificación de los dos estados es una de las ciudades más cosmopolitas y dinámicas de Europa. Su historia es particularmente convulsa durante el siglo XX, especialmente con la llegada al poder de Adolf Hitler y el partido nazi, sus avenidas vivieron los grandes desfiles y concentraciones del régimen. La calle o avenida Under Den Linden, vía que termina en la Puerta de Bradenburgo, sintió el paso de la oca de las unidades del ejército alemán y de las unidades de las SS. Cuando caminas por esta calle aún podemos encontrar solares con edificios destruidos por la acción de la guerra. También podemos encontrar trozos de muro, algunos bien conservados, llenos de grafitis y ahora objetivo de los turistas.

Pilsen.

Paulaner.

 

A parte de todo, esta gran ciudad europea parece haberse recuperado, la mayoría de sus grandes monumentos se han restaurado y su vida ha recuperado el dinamismo y la vitalidad que le caracterizaba, sus bares abiertos durante la noche, los cabarets,….

He visitado varias veces esta ciudad, unas por trabajo y otras de turismo, en distintas épocas del año, pero siempre he encontrado cosas nuevas que visitar y de disfrutar. Algo importante es que es muy cómodo pasear por sus calles, la ciudad es llana y está cruzada por ríos, y a pesar de su gran amplitud es muy cómodo visitarla.

Monumento a Schiller situado en la plaza Gendarmenmarkt.

Relieve en honor a Karl Liebknecht proclamando la «Libre República Socialista» el 9 de noviembre de 1918.

Me centraré en el distrito central, el Mite, donde se encuentran sus principales monumentos, museos,… Estableceremos dos itinerarios principales para los que habrá que dedicar al menos dos días, siempre en función del grado de detalle de nuestras visitas, porque si vamos a la isla de los museos y entramos en cada uno de ellos necesitaremos varios días.

Plaza Gendarmenmarkt, destacando el Konzerthaus (sala de conciertos) y la Catedral Alemana

Torre de comunicaciones. Alexanderplazt.

Museo Bode (Bode-Museum), Isla de los Museos.

Museo Altes.

Día 1: Partimos de Alexanderplatz, con la torre de comunicaciones que domina todo el espacio, podemos subir y tomar alguna bebida mientras disfrutamos de una panorámica de la ciudad. Nos dirigiremos hacía la Catedral de Berlín y la isla de los museos, al menos me pararía a visitar el Altes en frente de la catedral, el Pérgamo, o el Neues donde se encuentra el busto de Nefertiti. Nos dirigimos hacia la avenida Unter den Linden o paseo de los Tilos, y nos dirigimos hacía la Puerta de Bradenburgo, en el camino nos encontraremos con otras edificaciones importantes como la ópera, la universidad,… y hacía el final la embajada de Rusia y alguno de los más antiguos hoteles de esta ciudad el Adlon Kempinski. Nos encontraremos en la plaza de París, delante de la Puerta de Bradenburgo, donde hay siempre un gran ambiente con actores disfrazados de soldados rusos, americanos,.. con los que hacernos una foto con la puerta detrás. Atravesaremos el monumento y veremos que comienza el Tiegarden, el gran parque de Berlín. A la derecha podremos ver el majestuoso parlamento alemán, el Reichstag, con su moderna cúpula de cristal. Podemos visitar el edificio y subir a la cúpula desde donde tendremos una visual de la ciudad e incluso mirando hacia dentro veremos los escaños.

 

Catedral de Berlín,

Universidad Humboldt de Berlín,

Estatuas euroasiaticas.

Podemos descansar en la Plaza de la República, antes de dirigirnos hacia el sur, pasando por delante de la embajada de EEUU, y llegando a un monumento gris, Monumento a los judíos de Europa asesinados, como una ciudad de tumbas. Siguiendo hacía el sur llegaremos a la Potsdamer Platz, donde veremos algunos restos del muro, y podremos pasar hacia la Plaza Sony, conjunto de rascacielos de cristal con una cúpula del mismo material, donde encontraremos algunos restaurantes, cines y la reproducción de una vivienda de principios de siglo. Aquí podemos comer o tomarnos un tentempié.

Trozo de muro en la Plaza Postdam

Check-point Charlie.

Seguiremos ahora hacía el este por la Leipziger Straße hasta llegar a la calle Friedrichstraße, y mirando hacia el sur nos encontraremos con el Checkpoint Charlie, frontera entre la zona americana y la zona soviética durante la guerra fría. Podremos hacernos algunas fotos y alrededor veremos locales dedicados a rememorar la segunda guerra mundial.

Para finalizar subiremos por Friedrichstraße hasta una plaza donde encontraremos varios monumentos: La catedral Deutscher Dom donde hay exposiciones sobre la democracia, la plaza Gendarmenmarkt, un teatro para la música Konzerthaus Berlin,… Alrededor de esta plaza hay distintos establecimientos para tomar una cerveza y para cenar.

Cortesía de Google.

Día 2 y 3: Aquí propongo desplazarnos en taxi, no son muy caros, o en otro medio al Palacio de Charlottenburg, aquí necesitaremos unas horas para ver por dentro el edificio y para pasear por sus jardines con el rio Spree a su derecha. Desde aquí podríamos desplazarnos, también en algún medio de transporte, hacia el Europa Center, con su iglesia o mejor dicho su torre derruida por los bombardeos en la segunda guerra mundial, Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm, el zoo de Berlín, uno de los más famosos del mundo, y los populares almacenes KaDeWe  . Aquí comienza la famosa calle de Kurfürstendamm, donde encontraremos los establecimientos de moda internacional. En esta zona hay bares y restaurantes, algunos tradicionales, donde tomar un codillo y una cerveza, también es famoso el Pub Irlandés donde en las noches hay música en directo. Yo buscaría algún lugar donde comer.

 

Sinagoga de Berlín.

Monumento a los judiíos represaliados.

Por la tarde y de nuevo en algún medio de transporte volveremos hacía la plaza Alexander, para desde allí desplazarnos hasta el barrio donde se encuentra la Nueva Sinagoga de Berlín. Podemos visitarla y dar unas vueltas por estas calles, allí podemos encontrar un antiguo cementerio judío, el cementerio de la memoria judía. Podemos ir hacia el sur, pasear junto al rio Spree para llegar al Barrio Nikolai. Nos encontramos con las edificaciones más antiguas de la ciudad, con uno de los restaurantes más antiguos, recomiendo pasear por estas calles y tomar unas cervezas, o si ya es la hora cenar.

 

 

Barrio San Nicolas.

Restaurante Zur Gerichtslauben. Barrio Nikolai.

Iglesia museo S. Nicholas.

 

Cortesía de Google.

Esta es la propuesta que nosotros hacemos, evidentemente se necesita más tiempo del indicado, al menos cuatro días para ir sin prisas y dejarnos llevar por la ciudad. Hemos de tener en cuenta que es una ciudad muy extensa y aunque es llana, al final hacer veinte kilómetros en un día no es difícil. Nos faltaría visitar la zona noroeste de Alezxanderplatz, donde se aprovechan los huecos de los puentes de la vía del tren con establecimientos de restauración y de ocio.

Y si se tienen días propondría dedicar un jornada para acercarnos en tren a Potsdam, con sus lagos, las viviendas de la Stasi y de los servicios secretos rusos, el barrio holandés y demás monumentos.

Espero que os sea útil.

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Visita a una bodega de Ribera del Duero: Pradorey.

La visita a la bodega Pradorey, en plena Ribera del Duero, cerca de Aranda del Duero, tiene dos caras: la de la posada donde nos alojamos (de eso hablo en la otra entrada) y la de los propios vinos, que es lo que quiero contar aquí.

Una bodega con Denominación de Origen Ribera del Duero

Los viñedos de Pradorey son relativamente jóvenes, de treinta a cuarenta años, casi todos de la variedad tempranillo, dispuestos en espaldera. Sus vinos se acogen a la Denominación de Origen Ribera del Duero, una de las más reconocidas de España, que exige un control estricto tanto del viñedo como de la crianza.

De la barrica a la botella

Como en el resto de bodegas de la zona, el tiempo que el vino pasa en barrica de roble (francés o americano) determina su categoría: roble (unos 4 meses), crianza (12 meses), reserva (al menos 12 meses en barrica y tres años de envejecimiento total) y gran reserva (24 meses en barrica y al menos tres años en botella). Lo que hace especial a Pradorey es que, además, elabora algunos vinos singulares en tinajas de barro, una técnica ancestral que aporta matices distintos a los de la barrica de madera.

La cata

Terminamos la visita con una cata de tres de sus vinos. Reconozco que mi paladar no es capaz de distinguir todos los matices que nos indicaba nuestra anfitriona, pero sí pude apreciar la diferencia entre un vino joven y uno con más tiempo de crianza. Los tintos de Ribera del Duero, por su cuerpo, marcan bien con carnes rojas, asados de cordero o lechón y quesos curados, algo a tener en cuenta si compráis alguna botella para llevaros a casa.

Un consejo si vais

Como con cualquier bodega, conviene reservar la visita con antelación, mejor a través de internet. Si además buscamos alojamiento en la zona, la posada de Pradorey es una opción distinta a la habitual.

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