Viajar por España y Europa. Informática básica, WordPress, redes… Libros
París en tres días
PARÍS EN 3 DÍAS
La capital de Francia, icono de la libertad y del amor, Lutecia para los galos y los romanos, cuna de los derechos y libertades del mundo… y mucho más: esto es PARÍS. Porque además es un lugar monumental: iglesias, teatros, palacios, museos, galerías, parques, calles llenas de vida, bares, pastelerías y restaurantes con las pequeñas mesas y las sillas orientadas hacia el exterior.
Intentamos ver lo máximo posible en tres días, pero evidentemente es imposible: las distancias son grandes y, al hacerlo caminando, al final de cada jornada habíamos recorrido unos veinte kilómetros. Tan solo entramos al museo del Louvre y a Notre Dame (esta, gratis), en ambos casos con entradas adquiridas previamente, aunque eso no nos libra de la cola, eso sí, más rápida. A ello le sumamos el preceptivo paseo en barco por el Sena que nos permite otra visión de la ciudad.
Torre Eiffel iluminada.Vista desde el río SenaNotre Dame.
La comida en París no es problema: a la gran oferta de la restauración francesa se añaden muchos restaurantes vietnamitas y japoneses, aparte, claro, de las pizzerías y la comida turca. Para desayunar, café y cruasanes, como decimos en español; aparte, hay una gran variedad de dulces, pasteles y también bocadillos, porque aquí el pan es importante. Ojo, se puede comer bien sin gastar demasiado, pero si queremos probar cosas buenas hay que pensar en treinta euros por persona como mínimo, más la cerveza o el vino, que es lo que más encarece la cuenta. El agua, siempre del grifo: muy buena y gratis en todos los establecimientos.
Plato de comida vietnamita.Plato francés, demasiado queso.Tartar de pato.
Respecto a dónde dormir, hemos de advertir que es muy caro, y más cuando te acercas al entorno de la isla de la Cité: un hotel de tres estrellas ronda los doscientos euros por noche y las habitaciones son más bien pequeñas. Una alternativa son los apartamentos o los apartahoteles, aunque no bajan demasiado los precios. Lo que sí hay que intentar es centrar la residencia, yo ahora elegiría el Barrio Latino o el Marais, porque pernoctar cerca de la torre Eiffel o en el polo opuesto, la Bastilla, es tener que andar bastante o bien utilizar el metro o el bus. Los taxis, Bolt y Uber son una alternativa, yo desde luego prefiero Bolt porque la aplicación te da un precio fijo y además ofrece otras alternativas como el taxi. Pero recordad que el tráfico es bastante intenso: continuamente hay embotellamientos y las sirenas de la policía, ambulancias y bomberos son algo continuo, incluso llega a ser insoportable. ¡Ah!, ojo con las bicicletas, que tienen prioridad y pueden circular en ambos sentidos, incluso en calles de sentido único.
Iglesia de Saint-Étienne-du-Mont, Barrio Latino.La Cour Damoye, una encantadora calle empedrada.Barcazas en el río Sena
Para comenzar la visita podemos apoyarnos en los free tours: hay muchas empresas que los ofertan y más o menos son los mismos. Los recorridos giran en torno al museo del Louvre y de Notre Dame, y al menos al que nos unimos nos ilustró sobre la historia de París y de Francia, con lo que en las dos horas no se pudo ver demasiado. Al final pagas lo que consideras, y siempre caes en otro tour que ellos organizan, pero este ya de pago; debemos informarnos bien de su contenido porque al final no sales demasiado contento. No doy nombres porque son chicos jóvenes que se están ganando la vida. Lo bueno es que nos ofrecieron un ticket de barco a quince euros, cuando el precio normal es de dieciocho. Hay que advertir que las colas para acceder al barco son largas y desordenadas. Salimos de la torre Eiffel, llegamos hasta la isla de la Cité y continuamos hasta más allá de la Bastilla en un recorrido que recomiendo hacer cuando está próximo el anochecer para ver desde el río la torre Eiffel iluminada.
El icónico Grand Palais y el puente de Alejandro III, desde el SenaMuseo de Orsay (Musée d’Orsay) desde el río.Cúpula del Palais de l’Institut de France
Día 1: los iconos clásicos (Notre Dame, el Louvre, el Ayuntamiento y el Marais)
Mañana: isla de la Cité, Notre Dame y Sainte-Chapelle
Salimos del hotel sin prisas, caminando despacio y disfrutando de los edificios y de los bulevares parisinos. Primero buscamos una cafetería donde desayunar: un café y un cruasán. Hay muchas con el nombre de boulangerie, donde puedes comprar pan, dulces, bocadillos (a buen precio y de buen tamaño)… Llegamos a la plaza de la Bastilla; en su centro está la columna de Julio, construida entre 1833 y 1840, en la que están inscritos los nombres de las 615 víctimas de las jornadas revolucionarias de julio de 1830. Está rematada por «el Genio de la Libertad», una estatua de bronce dorado. En nuestra visita la columna estaba rodeada de las banderas de los países del mundo.
Bajamos por la Avenida de Enrique IV hasta el río Sena, que cruzamos por el puente de Sully hasta la isla de San Luis. Una alternativa es seguir por la ribera hasta la siguiente, la isla de la Cité, donde se encuentra la catedral de Notre Dame, gran obra del gótico medieval ahora reabierta tras su restauración. Hay que detenerse frente a su fachada y admirar el monumento; otro día vendremos con entrada para visitarla. Después nos acercamos a la Sainte-Chapelle (capilla gótica del siglo XIII famosa por sus vidrieras, que casi sustituyen a las paredes) y a la Conciergerie, antiguo palacio convertido en prisión real, con su icónica fachada sobre el Sena.
La Conciergerie, isla de la Cité.Hôtel de Ville (el Ayuntamiento de París).La Sainte-Chapelle (Santa Capilla), monumento gótico, Île de la Cité.
Cruzamos de nuevo el río por uno de sus puentes y nos encontraremos con el magnífico edificio del Ayuntamiento, el Hôtel de Ville, con su fachada neorrenacentista y su plaza histórica. Aquí comienzan muchos de los free tours que recorren el centro de París.
Para comer lo mejor es adentrarse por el barrio de Le Marais, el barrio judío, y elegir un restaurante: los hay franceses, vietnamitas, japoneses, italianos… comida internacional. Restaurante recomendado: L’As du Fallafel (Barrio de Le Marais), donde se puede pedir la pita falafel especial (pan de pita relleno de falafel crujiente, berenjena asada, col y salsa tahini).
Tarde: Ópera Garnier y plaza Vendôme
Por la tarde nos acercamos a la Ópera Garnier y a la Plaza Vendôme. La primera, con la fachada y el interior neobarrocos de la Gran Ópera (escalinata de mármol y sala dorada que inspiró ‘El fantasma de la Ópera’). Detrás se encuentran las famosas Galerías Lafayette, con su cúpula art nouveau de cristal y hierro. Recomendamos subir a la 7.ª planta para disfrutar de unas maravillosas vistas panorámicas y gratuitas. Merece la pena recorrer las calles que parten de la plaza de la Ópera hacia el Sena, como la rue de la Paix, con tiendas exclusivas, muchas joyerías y muchos cochazos de los potentados y potentadas que hacen sus compras, todo muy vigilado. Siguiendo hacia el Sena llegamos a la Place Vendôme, donde está uno de los hoteles principales de la ciudad, el Hôtel Ritz. En el centro encontramos una columna construida con el bronce de los cañones capturados a los ejércitos ruso y austriaco durante la batalla de Austerlitz; la estatua de Napoleón corona la columna. Otra de las avenidas interesantes es la avenida de la Ópera, por la que podemos deambular observando las tiendas de los ricos y los grandes vehículos aparcados delante de ellas. Si seguimos por la rue des Petits-Champs, llegaremos a la Plaza de las Victorias, al jardín del Palacio Real y al final al Museo Picasso.
Columna VendômePlaza de la Concordia.Estatua que representa a Marsella
Nosotros optamos por ir en sentido contrario: bajamos hasta la plaza de la Concordia, donde destacan el obelisco egipcio de 3.000 años y las fuentes monumentales. A su izquierda, en dirección este, están los Jardines de las Tullerías, parque de estilo francés ideal para descansar junto a sus estanques; al final, justo delante del Louvre, está un pequeño Arco del Triunfo que Napoleón mandó construir mientras se terminaba el Arco del Triunfo de los Campos Elíseos.
Seguiremos hacia el oeste por la Avenida de los Campos Elíseos, pero giraremos hacia el sur para pasar delante del Grand Palais, sede de numerosas exposiciones y utilizado en los últimos Juegos Olímpicos celebrados en París. Se trata de un palacio modernista de 1900 con una bóveda acristalada. Si seguimos esta avenida y cruzamos el río, estaremos en los Inválidos, complejo arquitectónico situado cerca de la escuela militar y creado originariamente como residencia para soldados y militares franceses retirados, que alberga los restos mortales del emperador Napoleón Bonaparte.
Obelisco de Luxor, plaza de la Concordia.Arco de Triunfo del Carrusel.Fachada principal del Petit Palais
Seguiremos hacia el oeste para llegar a los Campos de Marte, jardines dominados por la impresionante estructura de la torre Eiffel, famosísima construcción de hierro de 330 metros levantada por Gustave Eiffel para la Exposición Universal de 1889. En la misma torre tenía su oficina. Para visitarla es recomendable adquirir previamente la entrada; hay distintas posibilidades y precios, pero conviene al menos subir a la segunda planta para disfrutar de las vistas panorámicas. Frente a la torre, en dirección norte, se encuentra la plaza del Trocadero, desde la que se tienen unas vistas impresionantes de la torre. El recorrido desciende por sus jardines de estilo inglés hacia la orilla del Sena.
Desde aquí, si tenemos fuerzas, podemos acercarnos en un paseo de un poco más de media hora hasta el Arco del Triunfo partiendo de la Plaza Trocadero. Veremos la inmensidad de este monumento mandado construir por Napoleón Bonaparte en 1806 para conmemorar la victoria en la batalla de Austerlitz. En su interior descansa el soldado desconocido, militar anónimo caído durante la Primera Guerra Mundial. Desde aquí podemos ir hasta la plaza de la Concordia siguiendo la Avenida de los Campos Elíseos.
Es momento para coger uno de los barcos que navegan por el Sena: está cercano el anochecer, y tomarlo a esta hora nos permitirá no solo una visión de los principales monumentos de la ciudad desde el río, sino que a la vuelta coincidiremos con la torre Eiffel iluminada. Recordad que es conveniente adquirir el billete con antelación y que la organización no es demasiado buena: hay bastantes aglomeraciones, sobre todo en el momento de entrar en la embarcación.
Estamos lejos de la plaza de la Bastilla y hemos de tomar algo antes de continuar. En la calle de Rivoli, que va paralela al río y nos lleva hasta la Bastilla, existen numerosos establecimientos para tomar algo, desde restaurantes hasta puestos de bocadillos: el pan en Francia es muy importante. Nosotros paramos en Le Rempart Bastille, un café-restaurante con variedad de comida y con un personal muy agradable. En casi todos los establecimientos hay descuentos en la cerveza si se consume antes de las nueve de la noche.
Día 2: plaza de la República, Montmartre y el Sagrado Corazón
Hoy iremos al famoso barrio de Montmartre, el barrio de los pintores y de los cabarés. Partimos de nuevo, tras nuestro café con cruasán, de la Plaza de la Bastilla subiendo por el bulevar Richard-Lenoir, donde encontramos un mercadillo similar a los españoles. En él se ofrece de todo: ropa, verdura, carne, pescado, quesos, vinos, antigüedades… Merece la pena porque es una oportunidad de conocer la cultura, la gastronomía y las costumbres de este país. Seguiremos hasta la Plaza de la República, donde nos sorprendió encontrar gente de todo el mundo vestida con los trajes típicos de sus países: es domingo y se celebra la Fiesta de París, con un festival cultural.
Sagrado Corazón. Montmartre.Panorámica desde el Sagrado Corazón.Sagrado Corazón.
Tras casi una hora de caminata llegamos a Montmartre: calles estrechas en cuesta y pequeñas plazas. Se trata de un famoso y bohemio barrio de París situado en una colina de 130 metros de altura, donde encontraremos algunos lugares de interés; el principal, la basílica del Sacré-Cœur, a la que podemos acceder en un funicular o bien callejeando, como hicimos nosotros. Desde aquí se tiene una panorámica espectacular de la ciudad. Hay unas escalinatas que descienden desde la basílica con jardines y fuentes, y con miradores desde los que contemplar París. Antes de llegar a la cima hemos recorrido distintas calles y plazas, como la place du Tertre, donde los pintores muestran sus obras y hacen retratos en vivo. También el mítico, curioso y colorido Moulin Rouge, cabaré inaugurado en 1889. El Muro de los «Te quiero» (Mur des Je t’aime), un pequeño muro situado en la plaza Jehan Rictus con la frase ‘Te amo’ escrita en más de trescientos idiomas (ojo, porque, aunque está en la plaza, se encuentra algo escondido). Y la iglesia de Saint-Pierre de Montmartre, cercana al Sagrado Corazón, histórica iglesia católica del siglo XII, una de las más antiguas de París. La rue de l’Abreuvoir y La Maison Rose, en una calle empedrada muy pintoresca y fotogénica… Creo que más que enumerar todo lo que puede verse, lo mejor es perderse por sus calles y plazas, sentarse a una mesa y disfrutar del ambiente y de su colorido.
Tras el esfuerzo, hemos de comenzar a bajar y buscar un sitio donde comer. En esta ocasión nos detuvimos en un antiguo restaurante francés denominado Le Bon Bock, que revive el espíritu de la Belle Époque con su carpintería patinada, sus frescos, sus lámparas de araña y su ambiente íntimo. Este legendario restaurante ofrece un menú de clásicos franceses como la carrillada de ternera estofada, el magret de pato y los escargots en persillade. Buen servicio y precios no excesivos.
Por la tarde, tras nuestra buena comida, nos dedicamos a pasear por París, callejeando por el barrio judío y por la ribera del Sena, como siempre llena de gente, especialmente jóvenes comiendo, bebiendo y disfrutando del río. Llegamos a la calle donde se encuentran distintas instituciones como el Museo de Archivos Nacionales – Hôtel de Soubise, museo que explica la historia del archivo nacional y expone documentos importantes, mapas e imágenes. También el Museo Picasso de París, un edificio del siglo XVII con 5.000 obras de Pablo Picasso, su propia colección de arte y su archivo. Y terminamos en la Plaza de los Vosgos, coqueta plaza cuadrada con soportales no demasiado bien conservados, donde existen cafés y restaurantes con las típicas mesas parisinas; eso sí, el ambiente era de clase adinerada, con los cochazos aparcados y su conductor personal esperando. Aquí presenciamos el sermón de un rabino desde el balcón de la sinagoga de la rue des Tournelles. También se encuentra la Casa de Victor Hugo, decorada con sus muebles originales y con objetos y bocetos del autor.
Sinagoga junto a la plaza de los VosgosFuente en Plaza de los Vosgos.Estatua ecuestre de Luis XIII
Para cenar nos detuvimos en la Plaza de la Bastilla, en el Café Milou, un animado café-restaurante francés que destaca por su ambiente acogedor, su terraza con vistas directas a la Place de la Bastille y una cocina casera que combina recetas francesas tradicionales con toques exóticos. Su menú incluye platos populares como la sopa de cebolla, el tartare thaï y opciones de pescado, además de una amplia selección de opciones vegetarianas y veganas.
Día 3: el museo del Louvre, Notre Dame y el Barrio Latino
Hoy tocaba cultura: visitas al Museo del Louvre y a Notre Dame. Previamente habíamos adquirido las entradas en la página web correspondiente a cada una. La catedral es gratis, como casi todos los templos de París; el museo, para los adultos y jubilados cuesta algo más de veinte euros, y es gratis para los jóvenes.
Pabellón del Reloj, Louvre.Pirámide del Louvre.Entrada al Louvre.
Primero nos dirigimos al museo intentando recorrer calles nuevas: cruzamos al otro lado del Sena, pero lo cierto es que no merecía la pena, por lo que en el primer puente volvimos a la otra orilla hasta la Rue de Rivoli, buscando siempre la sombra porque hacía algo de calor. Pasamos por el Hôtel de Ville y pronto llegamos a la entrada situada frente al puente de las Artes; desde el primer patio cruzamos a la izquierda hacia el patio donde se encuentra la Pirámide de Cristal, que es la entrada principal al museo. Hicimos la cola correspondiente, aunque iba bastante rápida. Cuando visitas un museo de esta envergadura hay que hacer una planificación previa de lo que se quiere ver; actualmente podemos consultárselo a la IA, pidiéndole que te haga un recorrido por lo principal teniendo en cuenta que tan solo quieres estar un máximo de tres horas; incluso puedes decirle lo que para ti es esencial: La Gioconda (o Mona Lisa) de Leonardo da Vinci, las obras de pintura española, los restos arqueológicos de Egipto y Mesopotamia… Hemos de tener en cuenta que los franceses en la época del Imperio se han quedado con obras de arte de todo el mundo y ahora las exponen como suyas en el Louvre. Siguiendo las recomendaciones de la IA y cogiendo un plano no fue complicado ver casi todo lo que queríamos y algunas cosas más.
Tras la cultura hemos de reponer fuerzas con una buena comida. En este caso buscamos un restaurante vietnamita, de los que abundan en esta ciudad (Vietnam fue colonia francesa); esta cocina tiene fama de ser una comida variada y muy nutritiva. Nos recomendaron el restaurante Ha Noi 1988, que está en la Île de la Cité. Pequeño pero muy bullicioso y con buena comida, y sobre todo rápido, algo que nos venía bien porque a las cuatro de la tarde teníamos programada la visita a la catedral. Así que, tras comer, buscamos un café: el famoso Shakespeare and Company Café, algo viejo y poco cuidado, pero con buen café y situado frente a Notre Dame.
Llegamos a la Plaza de Juan Pablo II delante de la catedral y allí estaba la larga cola, que serpenteaba buscando la sombra; no sé si era por la hora pero todo fue relativamente rápido. Entramos en el templo e hicimos el recorrido en U sin ocupar los espacios en la nave central ya que se estaba celebrando una misa. Nos deleitamos con las vidrieras de colores, con los rosetones, las capillas, los relieves de madera… y observamos que, como todas las iglesias católicas, tiene sus ‘cepillos’ para hacer donativos: la cantidad mínima, tres euros, y se podía utilizar hasta la tarjeta. Los monumentos de la Iglesia Católica son restaurados por el Estado, al menos en España, pero los curas siempre piden algo más.
Al salir nos dirigimos, cruzando el río por el sur, hacia el Barrio Latino, donde se encuentra la Universidad de la Sorbona. Un barrio que debe su nombre, dicen unos, a que en él se hablaba latín y otros a que en él nacieron las primeras escuelas populares. Aquí la máxima sigue siendo la misma: perderse por las calles y subir hasta encontrar el Panteón de París, mausoleo del siglo XVIII con fachada de columnas que contiene los restos de ciudadanos franceses ilustres: Escritores y filósofosVoltaire y Jean-Jacques Rousseau ,Victor Hugo, Émile Zola y Alejandro Dumas. Científicos: Marie Curie y Pierre Curie. Figuras políticas y de la Resistencia: Jean Monnet (padre fundador de la Unión Europea),… Casi en la misma plaza, además de la facultad de Derecho y otros edificios universitarios, se encuentra la Iglesia de Saint-Étienne-du-Mont, profusamente ornamentada, que combina elementos góticos y renacentistas. En el lado opuesto de esta calle se encuentran los famosos Jardines de Luxemburgo, parque del siglo XVII con jardines en disposición formal, árboles ordenados y estatuas.
Panteón de ParísPanteón de París,Iglesia de Saint-Étienne-du-Mont
Nos han quedado muchas cosas por ver, especialmente algunos museos y el interior de los monumentos, y también la noche de París, porque andar todo el día, casi veinte kilómetros diarios, nos dejaba con ganas de relajarnos y descansar tras una buena cena en una terraza al aire libre.
París tiene una gran oferta de restauración: a los restaurantes de comida francesa hay que añadir los asiáticos, principalmente vietnamitas y japoneses, turcos, italianos… En función de nuestra economía podemos elegir uno de los bocadillos ya preparados de las boulangeries y las pâtisseries, o un restaurante vietnamita; muchos de ellos llevan el nombre de Hanói y ofrecen platos bien elaborados y no demasiado caros. Ojo con los japoneses, porque van desde platos preparados de sushi para llevar que tienen buen precio, hasta otros como el Bar Nomo, cerca de la Ópera, donde un temaki cuesta 14€. Un buen restaurante francés situado en Montmartre es Le Bon Bock, con una decoración de los años veinte y buena comida. Algo más baratos son los restaurantes Chez Papa, con buena carta de vinos y gran variedad de platos, y Le Rempart, abierto todo el día, ambos situados en la zona de la Bastilla.
Nota: he calificado la limpieza como regular: las aceras aparecen limpias, pero el olor a pis es insoportable en muchos sitios, algo que se acentúa porque no ha llovido.
📍 Calificación de París en tres días., Francia
Fecha de visita: 11 de septiembre de 2026
Atractivos/Lugares de interés (25%)
Muy Bien
Gastronomía (15%)
Muy Bien
Ambiente/Vibra (15%)
Muy Bien
Transporte/Accesibilidad (15%)
Bien
Calidad-precio (15%)
Regular
Limpieza/cuidado (15%)
Regular
Total: 7.5/10
Gestionar el consentimiento de las cookies
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional
Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.