Budapest

Si Viena es la ciudad imperial, ¿qué puede decirse de Budapest? En mi opinión, la capital húngara supera a la austriaca; ambas compartieron la capitalidad durante la vigencia del Imperio austrohúngaro, algo que se nota en la amplitud y calidad de sus construcciones. Las dos tienen al Danubio como centro, en el caso de Budapest, su nacimiento fue consecuencia de la unión de Buda y Pest, separadas por el río: la primera, situada en la colina, donde se construyeron los palacios imperiales, y la segunda, en la llanura, donde se concentraban el comercio y la economía. Entre ambas se construyeron los puentes que las unen. Tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, el país vio reducido su territorio de forma importante. Nos sorprende que en la mente de los húngaros aún esté latente la idea de recuperarlo todo y volver a su anterior esplendor. De hecho, en nuestra anterior visita a Eslovaquia nos explicaban que Hungría sigue manteniendo sus símbolos en su bandera y que los húngaros no aceptan la existencia de Eslovaquia. Algo que de alguna manera une a ambos países fue su comportamiento durante la Segunda Guerra Mundial, cuando apoyaron a la Alemania nazi, para luego cambiar de chaqueta y querer hacerse amigos de los soviéticos. Aunque hay que recordar que en 1956 los húngaros se rebelaron contra el dominio soviético, saliendo a la calle, pero esa revolución fue aplastada por los tanques soviéticos. Uno de los días de nuestra visita se celebraba la fiesta nacional con alusiones a esa revolución, exposiciones fotográficas…
Monumento Soviético a la Liberación en la Plaza de la Libertad.
La comida es la propia de esta zona europea, platos contundentes a base de carne: el más famoso, el gulash; la sopa de tomate, el risotto de pato, las salchichas… acompañados de un vino blanco o tinto de la tierra o de una fresca cerveza.

Día 1: el barrio judío, el Mercado Central y el Danubio

Como llegamos a mediodía, comenzamos la tarde en un lugar próximo a nuestro apartamento, en el barrio judío: la Gran Sinagoga de Budapest, creo que la segunda más grande del mundo. Esperábamos mayor presencia policial por el estado de guerra entre Israel y Hamas, sin embargo tan solo había dos policías. En sus patios pudimos ver el árbol de la vida y el cementerio; no entramos porque estaba cerrada al ser sábado. Desde ahí nos dirigimos hacia el sur por la gran avenida del Museo hasta llegar al Museo Nacional Húngaro, donde había una exposición de fotografía; la entrada era en parte gratuita, con lo que pudimos acceder a alguna de las exposiciones con fotografías de la revolución de 1956 contra la URSS. Continuamos por la avenida hacia el río Danubio y, al llegar, nos encontramos con un imponente edificio, el Mercado Central; conviene visitarlo para apreciar su grandeza y la gran variedad de productos que se ofrecen. Al lado, cruzando el río, se encuentra el puente de la Libertad, de acero y pintado de verde. Cruzando a la otra ribera podemos distinguir el Balneario Gellért, de aguas termales, algo casi obligado al visitar esta ciudad; recordad llevar el bañador y una toalla. Volvimos a cruzar el puente y seguimos hacia el norte bordeando el río; nos encontramos con diversos establecimientos de restauración con sus terrazas, y los barcos o cruceros que recorren el río, especialmente de noche para ver iluminados los distintos edificios: Parlamento, Palacio de Buda, Mercado Central… Llegamos a la Plaza Belgrád, desde donde nos dirigimos hacia el noreste por calles peatonales llenas de comercios; es una parte más moderna, donde hay bastante gente. Llegamos a la noria de Budapest, algo que parece común en todas las ciudades europeas. Desde este punto hacia el este podemos ver un edificio amarillo que necesita restauración donde se encuentra el museo subterráneo del ferrocarril. Desde aquí nos dirigimos de nuevo al barrio judío para disfrutar del ambiente de los bares en ruinas: se trata de unos edificios que se encontraban en ruinas y que fueron renovados con materiales reciclados para construir espacios de ocio, pubs, bares… Tomaos una cerveza o una copa y disfrutad del ambiente nocturno.
Itinerario (Cortesía de Google Maps).
 

Día 2: el Parlamento, San Esteban y la avenida Andrássy

Comenzamos el día desde el Barrio Judío y nos dirigimos hacia el oeste hasta el río, pasando por las mismas calles que la noche anterior. Al llegar al Danubio observamos los barcos atracados y preguntamos por el crucero nocturno; es conveniente reservar porque pronto se acaban los pases y no podemos irnos de Budapest sin esa visión de la ciudad, los precios varían; nosotros adquirimos un pase por 15 €, para una hora de paseo por el río. Seguimos por la ribera hacia el norte, viendo los edificios de Pest, hasta llegar al puente de las Cadenas, que une Pest con Buda, impulsado por el conde István Széchenyi; en esta ocasión estaba engalanado con banderas de Hungría, ya que al día siguiente se celebraba la fiesta nacional. Cerca del puente hay un monumento a los judíos que fueron ejecutados durante la Segunda Guerra Mundial: son unos zapatos donde la gente deposita flores. Los alemanes y los nazis húngaros llevaban a los judíos del gueto hasta el río, les hacían desnudarse y dejar sus zapatos y los ataban unos a otros con alambre de espino; a las dos personas de los extremos, las más grandes y pesadas, les disparaban en la nuca y, al caer, arrastraban al resto, que morían ahogados y de frío. En la ciudad se encuentran muchas estatuas con distinto significado, aquí veréis unas cuantas fotos. Nuestro destino principal era el Parlamento, uno de los más grandes del mundo, muy parecido al británico. Dicen que en su construcción no se escatimó en gastos: se presentaron tres proyectos y, en lugar de elegir uno, se llevaron a cabo los tres: el más caro y ostentoso sería el parlamento y los otros serían edificios oficiales. Desde la plaza Kossuth Lajos, situada detrás, nos dirigimos hacia la basílica de San Esteban, pero antes nos detuvimos en la plaza de la Libertad, donde se encuentra el monumento a los soldados soviéticos que liberaron Budapest de los nazis, un monumento controvertido. Delante, en el suelo, hay unas maletas que recuerdan a los judíos asesinados, y también hay dos estatuas de los presidentes Reagan y Bush que simbolizan el acercamiento de este país a los EEUU y que es la contrapartida a la dependencia soviética.
(Cortesía de Google Maps).
Llegamos a la basílica de San Esteban, magnífico edificio al que se llega por una calle peatonal, donde encontramos la escultura de un policía húngaro barrigón. La entrada a la basílica es gratuita. Desde aquí nos dirigimos a la calle más famosa de esta ciudad, la avenida Andrássy, donde se encuentra el edificio de la Ópera. Continuamos por esta calle principal hasta toparnos con un escenario donde se iba a celebrar el día de la nación húngara. A continuación nos dirigimos hacia el sur hasta llegar al famoso Café New York, donde una cola nos indicaba lo concurrido que estaba; dicen que lo importante es ver su interior y que las consumiciones no son nada del otro mundo, pero valen su precio.

Día 3: Buda, el Bastión de los Pescadores y el palacio

Partimos de nuevo del barrio judío y, callejeando hacia el oeste, nos dirigimos hacia el puente de las Cadenas; hay que detenerse y desde el centro disfrutar del río y de la vista del Parlamento. Cruzamos a la otra orilla y buscamos el camino de acceso a Buda. Hay tres posibilidades: coger el funicular, que cuesta unos 4 o 5 € por trayecto y persona; buscar unas escaleras mecánicas, que no logramos localizar, o subir a pie por la calle que discurre debajo del Bastión de los Pescadores, que es lo que hicimos. La pendiente no es excesiva y en unos quince minutos estábamos a la entrada del Bastión; subimos las últimas escaleras y nos encontramos con una gran plaza donde se encuentran la iglesia de Matías, neogótica, y el famoso Bastión de los Pescadores con sus siete torreones. La vista desde este monumento es magnífica, podemos ver la orilla opuesta con el edificio del Parlamento, el Puente de las Cadenas, la basílica de San Esteban,… y el gran barrio de Pest. Paseamos por el Bastión, disfrutando de las magníficas vistas y nos dirigimos hacia el Palacio Imperial de Buda, complejo palaciego con distintos edificios, con estatuas conmemorativas de reyes y dignatarios, con sus plazas y jardines, y, sobre todo, con la panorámica que ofrece esta posición privilegiada: si nos asomamos al este, veremos Pest, y si nos asomamos al oeste, otro tipo de ciudad, donde predominan los palacetes y chalets. Aquí pasamos varias horas y, como era la fiesta nacional, nos encontramos con el desfile de un batallón de soldados de época, con una boda con trajes típicos e incluso con un cambio de guardia en uno de los edificios gubernamentales. Tocaba bajar e ir a comer. Habíamos reservado en el restaurante Menza, famoso establecimiento cerca de la avenida Andrássy donde se pueden degustar los platos típicos húngaros y sus vinos; allí tomamos un gulash y un risotto de pato acompañados de un vino tinto de uva merlot. Buena comida y buen servicio, en un ambiente acogedor y tranquilo, aunque siempre se echa de menos que nos hablen en español y hay que recurrir al inglés. Por la noche nos esperaba el crucero por el Danubio, una hora en un barco abarrotado que nos permitió tener la vista nocturna de la ciudad con sus principales monumentos iluminados y algunos de ellos engalanados con los colores de la bandera nacional. Tras el paseo en barco nos dirigimos hacia los bares en ruinas para despedir la noche.

Loading

📍 Calificación de Budapest, Hungria

Atractivos/Lugares de interés (25%) Muy Bien
Gastronomía (15%) Regular
Ambiente/Vibra (15%) Muy Bien
Transporte/Accesibilidad (15%) Bien
Calidad-precio (15%) Bien
Limpieza/cuidado (15%) Muy Bien

Total: 8/10